Si nunca has trabajado con un diseñador, es normal que te dé un poco de respeto: ¿cuánto tarda?, ¿qué te van a pedir?, ¿y si no te gusta? Te lo contamos sin misterio, para que sepas exactamente qué esperar.
1. Briefing: te escuchamos
Todo empieza por entender tu negocio: qué haces, a quién te diriges y qué necesitas. Un formulario y una llamada nos dan el contexto para no diseñar a ciegas.
2. Concepto: estrategia antes que estética
Antes de abrir el programa de diseño, definimos la dirección: tono, referencias y por qué cada decisión tiene sentido para tu marca.
3. Propuesta: te enseñamos con contexto
No te mandamos un archivo suelto. Presentamos la propuesta explicada y aplicada a casos reales, para que veas cómo funciona en la práctica. Hay margen para revisiones.
4. Entrega (y lo que viene después)
Cierras el proyecto con todos los archivos en los formatos que necesitas y, si es una web, lista para funcionar. Pero una web —y su posicionamiento— no se entregan y se olvidan: donde el trabajo continúa, seguimos a tu lado con mantenimiento web y SEO, para que lo que construimos siga rindiendo.
Cercanía de principio a fin
Como estudio, hablas siempre con quien hace el trabajo. Sin intermediarios y con pocos proyectos a la vez para cuidarte. Mira lo que hemos hecho o escríbenos para empezar.
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Cuéntanos qué necesitas y estudiamos tu caso para prepararte un presupuesto personalizado, sin compromiso.
